
SOLO QUEDA EL BESO
Triste ilusión que al amor se aferra,
nefasta locura ensombrecida,
pues nunca el amor extendió su mano
ni estuvo tan lejano el cielo de la tierra.
Jamás hubo un solo pensamiento
capaz de desligarse del híbrido deseo,
ni un sentimiento tan profundo
que nos hiciera sentir aquel principio.
Mas no hay mayor delirio
que saberse tirano sin motivos,
sin causa, sin juicio y sin condena
y aún así, creerse un fiel amigo.
El amor no puede ser un destello
de ese milagro arropado en el tiempo,
ni puede ser consciente de su ávida conciencia
porque todo son ataduras terrenales.
Así el alma aferrada al sueño
se debate entre oscuras soledades,
allá donde el silencio permanece
para acunarla entre los brazos de la noche.
Las sombras cruzan los senderos
ante el caos que produce la tristeza,
y los mundos se deslizan solitarios
tras la muerte silenciosa que despierta.
La pasión despojada de paciencia
emite mil rumores de agonía,
mas entre voces, el amor se aleja
con el fruto de un beso entre sus labios.

SIEMPRE ESPERANDO
¿Qué amor puede sostener
tras el asombro,
algo que tenga sentimiento propio,
y porqué el despiadado olvido
nos vela el sentimiento?
Has hecho de mi vida
un estado prisionero de tus ojos,
un zombi perdido
en tus oscuros aposentos
como sombra miserable que vigila.
El amor siempre fugaz,
arrancó los suspiros de mi pecho
evocando mil compases de agonía,
los que alargaron mi ahogada vida
mientras huía de la temida muerte.
Mis pupilas no reflejan la luz
y mis recuerdos no habitan mi memoria,
porque son, como errantes espantajos,
calamitosos bagabundos que buscan el vacío,
fijas sus iris en el horizonte del olvido.
Desde mi aposento gélido y oscuro
siniestras visiones me contemplan
y mi conciencia, esperando siempre,
atraviesa los lejanos sueños de la vida
para que un milagro me lleve a su presencia.
EN TU RECUERDO AMOR
Por vivir vive serena,
aquella luz
que fue mi gloria y pena,
inclinado sobre su estampa
su recuerdo me espanta
por ver su cuerpo en arena.
Mas si lograra el hilo de su vida
con infinitas lágrimas vertidas,
fuere de su tumba
espejo y cielo,
sin apartarme de su frío suelo
por verla un día
en rosa convertida.
Desde antaño estoy llorando
y con lágrimas regando
su grotesca sepultura,
mas en mi triste locura,
parezco verla soñando.
Dos esmeraldas de
de fuego
son tus ojos en la noche
y dos suspiros de tu pecho
rompen del alma
mis tupidos pensamientos,
cuando surcando los mares
sobre el henchido velero,
se calman los vendavales
al son de todos los vientos.
Absoluta tu belleza
de coronados cabellos,
sublimada tu hermosura
cual litigios de mis celos,
hechicera entre las damas,
altivo y torneado cuerpo
cual verde espiga sembrada
que va germinando besos
por la fértil espesura,
del bosque de mi tormento.
EN EL JARDÍN
Están llamando a la puerta
del jardín adormecido,
cansadas duermen las rosas,
furioso el jazmín despierta.
De pálida tez de luna
inquieto mirar del alba,
culminación de la noche,
inalcanzable fortuna.
Con la esperanza perdida
crucé los mares desiertos
en el bajel de mi angustia,
para volver a la vida.
en pos de la flor divina,
mas el mordaz pensamiento,
la eterna gloria buscaba.
Desde el sagrado embeleso,
una inquieta mariposa
le pedía un verso a un poeta
y él le regaló un beso.
Al aire voló un suspiro
nacido del pecho amado,
que quiso entregarse al sueño
en su último latido.
EL ÚLTIMO AMANTE
Se aleja la tarde
triste y silenciosa,
tras sus cortinas,
las furtivas sombras
arrancan el último aliento
de su belleza.
Sobre el ondulado horizonte,
la pálida luz resbala
por la otra cara de la tierra.
Hay fuego en las alturas
compuesto de exiguos colores,
son pinceladas que enriquecen
los cálidos matices sobre el lienzo
del crepúsculo que se aleja,
que ante el pleno fulgor de Venus
la sedienta soledad se rompe
tras los sedosos velos de la noche
y el nítido esplendor de los soles.
En el último aura del existir,
la flor de la vida tiembla
ante los valles que sueñan
con el último aliento de la tarde
sobre un pecho que ya no respira
fustigado por la ira del cobarde
y oculto en las tinieblas de los sueños.
Sobre verdes llanuras,
las brumas trashumantes
conforman los espectros de la luna
en fantasmales figuras voladoras,
cruzando oscurecidos espacios
a lomos de transmutados vientos,
mas el buscador ilusionado
se topa con la tristeza
tras la larga espera que mantiene,
como el último amante,
que oculto tras la fronda desespera.
Por el oscuro desfiladero de la vida
discurre un néctar embriagador
que, cual lubricante tesoro
discurre por la vega de los sueños
entre besos de lujuria y de ilusión,
cual reliquia otorgada por los dioses,
quienes nos regalan sin condiciones
el incipiente brebaje de ternura,
como sustancia virginal de la pasión
y, sobre la indeleble virtud de la conciencia,
el estado sublime del amor.
Entre blandas colinas de fuego
de fino tejido ondulado
semejantes a pétalos de rosas,
el hambre ruge de impaciencia
y al borde del abismo se detiene,
que es mucho el atractivo
del simbólico alimento,
donde la carne se torna en caramelo
que el hombre lame como fruto
y bebe de sus pozos el delicado néctar,
bajo un vehemente vendaval
de caricias sublimadas
en un periodo de amor y sentimiento,
fecundos dones de álgidos placeres
voraz estado que conduce a la gloria
como sentir ecuánime y eterno.
Corre veloz la demencia
atraída por la carne del abdomen
hasta llegar con el éxtasis
al delicado pozo contraído
antesala de oscura fortaleza,
donde los ardientes labios se posan
con deleitoso y mesurado beso.
Mas ya, guiado hasta el abismo
y recorriendo la fina piel dorada y tersa,
bajando sin prisa en el deleite
por entre la blanca reja de la boca,
asoma temblorosa, la puntiaguda esencia,
conducida hacia un abismo de intenso calor
que aparece envuelto entre las sombras
como bosque de negro terciopelo
de sedosos bellos ensortijados,
y sobre el centro mismo del misterio,
una lasciva grieta de profunda cavidad
se abre como intenso foco de pasión,
un Etna con alma propia
de indescriptible pasión,
un delicado manjar
sobre un oscuro recipiente
semejante a una cámara nupcial.
Se mueve el órgano femenino
en espera de la fricción,
y sobre el, tocan los clarines del dolor
ante el miembro omnipotente
de ajustada penetración,
ansioso de culminar el acto,
cual sublimado ciclo,
principio de procreación
de la vida sobre la tierra
y de la muerte sobre el amor.

no es sustancia conocida,
ni esperanza ni deseo,
ni siquiera una ilusión
conservada en el cerebro.
La diosa de la luz
consume con codicia sus manjares
tras la naciente alborada
y en las comisuras de sus labios,
el hielo del rocío se evaporó en el aire.
Se culminó la madrugada
en el oscuro cáliz de las flores,
pletórica la plenitud de la vida
como sangre de pura primavera,
entre brotes que nacen y florecen.
Sentir el sueño inmaculado
con la enérgica pasión que resplandece
dormido sobre el claustro de la noche
y ajeno a ese mundo de mentiras,
libre de sombras la estancia de la muerte.
Llorar sobre el misterio
es como rasgar los velos del pasado
y purgar del alma sus errores,
para sentir que llevo dentro
el mudo amor que nunca tuve.

Sombra a la luz,
murmullos sobre el silencio,
que ando loco en mi soledad
cuando me faltan tus besos.
Yo siento a la muerte
hurgando sobre mi pecho,
como en la noche ciega
las estrellas en el firmamento.
Vaga ilusión sin retorno
perdida entre mis recuerdos,
penuria de todos mis males,
tempestades sin vientos.
De mi vida atormentada
los espejismos del cielo,
tormento de mi mente enloquecida,
y en las notas del amor, un cero.


ESTOY CANSADO
Estoy cansado de mirar sin verte
desde las altas cumbre de mi vida,
buscando sin reparo una salida
ante el quebranto de mi mala suerte.
Atado a tu recuerdo por tenerte
tengo el alma en el sueño entretenida,
etérea paz de lucidez vencida
que dormita en los brazos de la muerte.
A mis ojos llegó tu primavera
y yo busco el edén en tus miradas.
Tu gloria en mi locura reverbera
entre rosadas luces de alboradas,
y cuando así te veo, es una quimera
huyendo entre las sombras consumadas.

LIBELIA Y ALMIDIA
Son: nombres poéticos
que habitan un solo corazón
y un solo cuerpo.
...Sombras de mi vida,
amores y deseos
de mi audaz pensamiento.
LIBELIA
Amarillo es el color del misterio
porque amarillo es el sol.
Libelia es una flor purísima,
delicada, femenina,
ella me habita desde las tinieblas
como la luz que habita en las estrellas.
Libelia es la sombra que yo habito,
la causa de mi retiro,
la causa de mis sueños...,
de mi nostalgia,
de mi silencio...,
de mis suspiros.
Yo amo a Libelia en secreto.
De sus ojos rasos son mis versos.
La amo entre latidos,
Cansado, despierto, dormido.
Las blandas paredes de sus pechos,
son, como el recinto sagrado
donde habita el misterio
y dentro, un corazón que late
con las fuerzas del sentimiento.
Después...,
a solas me quedo con la esperanza
como dúctil soledad de la vida
bajo el curvo espacio del infinito.
Más allá de toda mirada
y lejos de toda pena,
la arrogancia de Libelia
cual mariposa encantada,
se aventura en el verde bosque
entre oleadas de sombras,
y ríe y canta y llora,
mas yo, no creo en ella.

VISIONES
Fija tu mirada en el jardín
donde las flores habitan sobre el aire,
presta tu audición a mis latidos
y toma asiento en mi interior desnudo,
viajarás a otra dimensión del universo.
Los colores de la tarde me conmueven
con su fuego atenuado entre las nubes,
recostados, sobre ondulado horizonte,
y, entre lejanas visiones del ocaso,
se me acerca una dama, trémulos sus labios.